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Lo que no han medido los priístas

LO QUE NO HAN MEDIDO LOS PRIÍSTAS
Por Luis R. Aveleyra

Se cuenta que en tiempos del Presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, en una visita a Washington D. C., se realizó una audiencia con el mandatario norteamericano William Jefferson Clinton, la misma tarde y minutos antes de recibir a la célebre becaria Mónica Lewinsky.
La audiencia programada para el Presidente Zedillo era de 30 minutos pero había prisa y sólo se efectuó en 10 minutos. Según los enterados de la Casa Blanca dicen que los pormenores de esa entrevista fue un mensaje escueto, directo: el gobierno estadounidense desconfiaba del mexicano por tres razones fundamentales: 1) la falta de homologación del sistema judicial norteamericano con el de México; 2) la falta de adopción del AAC (American Accouting System) en las operaciones bancarias; 3) la connivencia entre el poder público y el narcontráfico. Ante la pérdida de confianza, el gobierno norteamericano vería con sumo aprecio y muestra de buena voluntad que el gobierno no metiera las manos en la siguiente elección presidencial mexicana y dejar abierta la puerta a la alternancia.
De ahí que esa puede ser una de las razones que motivaron a don Ernesto Zedillo a dejar en libre caída el proceso electoral que llevó a la silla presidencial a Vicente Fox.
Viene a cuento esta antigua anécdota porque estamos viviendo en estos momentos políticos una verdadera lucha por la sucesión presidencial entre el conservadurismo representado por el gobierno con su candidato José Antonio Meade Kuribreña, contra las fuerzas políticas de Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya.
El señor Porfirio Muñoz Ledo predice un golpe de Estado por parte del gobierno para sostener a su candidato y llevarlo a como dé lugar a la Presidencia, lo cual nos hace reflexionar sobre algunos números y la participación electoral.
1. La lista nominal de electores suma 85.9 millones de mexicanos; de ellos 52% son mujeres.
2. De ese universo, 59.2 millones se encuentran en edades que van de los 18 a los 49 años, la gran mayoría pertenecen a la generación de los que no llegaron y carecieron de oportunidades. Son una generación lamentablemente perdida para el país. Entre ellos se cuentan a más de 6 millones de “ninis” y otros 16 que forman parte de quienes trabajan en la economía informal.
3. Según el INE el margen de abstencionismo será de entre 25 y 30%, con lo que el universo de electores que participen en los comicios se reduce a más o menos de 60 o 65 millones de votos.
4. Sobre esa cantidad comienza la batalla por el triunfo electoral, donde el voto duro del PRI son más o menos 13 millones; el del PAN lo sitúa en 16 millones y el del PRD en 5 más. Si se atendiese exclusivamente a esas cifras el partido albiazul tendría una mayoría simple, pero lamentablemente se han dado eventos que pueden mover el cómputo electoral: la conformación de alianzas y el surgimiento de candidatos independientes, son ingredientes que lejos de fortalecer preferencias es probable que dividan y pulvericen el voto.

Eso es probablemente porque las coaliciones se formaron en las cúpulas no en las bases que no fueron consultadas ni tomadas en cuenta. Así, es probable que el voto del PAN se divida, pues nunca votaran por los candidatos del PRD que han sido sus enemigos naturales; en el PRI, todavía no se olvida que hace diecisiete años muchos fueron despedidos sin miramientos de la Administración Pública, pero, además sin tener oportunidades de levantarse y es de dudar que voten por un candidato panista que llegó a “adoptar” al PRI. Tampoco será fácil para muchos perredistas votar por Ricardo Anaya por más alianza que exista, más cuando son los menos obedientes y no respetan sus propios acuerdos.
Por otro lado, el mayor segmento de posibles votantes (21.6 millones) se encuentra en un rango de edad que fluctúa entre 20 y 29 años de edad y el total de jóvenes del padrón de 18 a 34 años suma 34.2 millones, lo que significa que la siguiente elección la decidirán los jóvenes para quienes ningún partido ofrece todavía un programa de empleo emergente ni alternativas de mejora económica.
Por sanidad política e intelectual el PRI no debe continuar en el poder, pues su problema es que no convence, luce demasiado viejo, anquilosado, sin inteligencia ni sensibilidad social, escogió a un panista disfrazado, porque en su envejecimiento ya no fue capaz de tener los suficientes genes ni agallas para enfrentarse al electorado con un candidato emergido de sus filas.
El PAN tuvo su oportunidad durante doce años en donde mostró su incapacidad, su timorata conducta y su doble moral, ejerció la venganza política al puro estilo de la Inquisición, creó legislación contrahecha y quiso adoptar una vez más varias de las instituciones españolas basadas más en la desconfianza que en la visión de Estado, sumió al país en mayor desorden y descontrol políticos.
El PRD lo único que desea es mantener su registro a costa de lo que sea pero ya está derrumbado y desperdició la oportunidad de gobernar, porque es bueno para el mitote pero incapaz de ejercer con ecuanimidad el poder. Sufre por la desbandada y la ausencia de un buen liderazgo.
La gente cree en Andrés Manuel López Obrador, le perdona sus dislates y su conducta soberbia, porque tal vez es la única esperanza que les queda; con nueve años de campaña política ha recorrido el país como lo hizo Cárdenas en su campaña, pero independiente de ello, es el único que tiene una propuesta clara de cambio que tal vez no sea el mejor pero cuando menos es distinta de un PRI que solo ofrece más de lo mismo, Ricardo Anaya que habla de contener la corrupción pero es incapaz de esclarecer sus propias finanzas.
La incógnita a resolver es si las alianzas funcionan en la práctica; si verdaderamente hay patriotismo y altura cívica en el gobierno para que el PRI acepte una posible derrota, pues nadie creerá que triunfe realmente dado el descrédito por el que pasa, el triste papel de sus gobernadores y el mundo de corrupción que ha desencadenado, además de su incapacidad para contener la inseguridad y otros problemas.
Amén de todo ello, falta la opinión y deseo de la Casa Blanca que por más intentos fallidos no cambia su parecer sobre México. En fuentes informadas de inteligencia norteamericana, destaca el hecho que persiste el recelo y la desconfianza. Enrique Peña Nieto no es de fiar para ellos. Claro que la sucesión favoreció al ex Secretario de Hacienda, pero para el Presidente Trump la corrupción, la inseguridad en su frontera, la política migratoria, pero sobre todo el sistema de justicia, constituyen la piedra en el ojo que le hace ver con recelo al vecino mexicano.
Existe un deseo de revancha aun insatisfecho sobre México, se intenta hacer pagar a todo un pueblo por errores de sus gobernantes. Se ve al Tratado de Libre Comercio como la panacea, cuando no se h fortalecido el mercado interno; se busca que México se convierta en una gran maquiladora pero no se han creado mecanismos para favorecer el empleo y el consumo de productos con mayor contenido nacional; el gasto corriente de la Administración Pública es inmenso contra sus resultados. Eso y más ven los Estados Unidos que en esta ocasión es más fácil que pronuncien su beneplácito por alguno de los candidatos independientes, que por el candidato del PRI. Al tal grado llegan las cosas que en algunas oficinas del Banco Mundial en Washington D. C., señalan sus analistas que prestarán dinero a quien llegue menos a un gobierno emanado del partido oficial, menos del PRI.

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