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PAN-PRD… ¿Matrimonio por conveniencia?

LA LEY DE HERODES Por Miguel Ángel Isidro

Cuando en el año 2000 el PRI fue derrotado por primera vez en una elección presidencial, mucho se especuló sobre la posibilidad de el tricolor desapareciera del firmamento político, pues muchos consideraban imposible que el otrora «partido aplanadora» pudiese subsistir como una fuerza de oposición.

Quince años más tarde, el PRI no sólo regresó a Los Pinos, sino que se alzó como primera fuerza en la más reciente elección intermedia. Paradójicamente, mientras la figura presidencial enfrenta un debilitamiento progresivo, los tricolores se preparan con todo para tratar de llevarse la mayor cantidad posible de las 12 gubernaturas que estarán en juego en 2016, y comenzar a pavimentar el terreno para la elección presidencial de 2018.

La tarea no pinta sencilla, porque además de colocar tiros de precisión en las entidades en disputa, paralelamente el tricolor deberá trabajar en la construcción de su candidatura presidencial en 2018, donde hasta el momento las encuestas colocan a la delantera y con una cómoda ventaja al líder moral de MORENA, Andrés Manuel López Obrador.

En otras latitudes, dos fuerzas políticas aparentemente antagónicas han comenzado a coquetear con la idea de unificar fuerzas para darle la pelea al PRI de Peña Nieto en la ruta electoral 2016-2018. Los partidos Acción Nacional y de la Revolución Democrática han comenzado a tender puentes, tratando de remontar los descalabros sufridos en los últimos años.

A pesar del discurso bravucón y triunfalista de su bisoño líder Ricardo Anaya, el PAN sigue sin reponerse de una de sus más severas crisis, detonada a partir de su derrota electoral en la elección presidencial de 2012. El reciente cambio de dirigencia nacional no solamente profundizó el divisionismo al interior del blanquiazul, sino que obligó al grupo dominante a pintar su raya, al menos en apariencia con la cabeza visible del nuevo cacicazgo panista: Gustavo Madero, quien desde la sombra, sigue haciendo todo lo que esté a su alcance para erradicar del PAN todo aquello que evoque a la figura del ex presidente Felipe Calderón.

En el establo del PRD las cosas tampoco pintan fáciles. El grupo de Los Chuchos trabaja a marchas forzadas para tratar de reparar el boquete que les ha generado la irrupción de MORENA y el crecimiento de López Obrador en las encuestas. Son muchos los enconos al interior del partido del sol azteca, y la tarea para sobrevivir hasta la siguiente elección presidencial se antoja titánica: 1) Cristalizar el cambio en la dirigencia nacional sin mayores fracturas;  2) Obtener una participación decorosa en la elecciones de 2016 y 3) Presentar una candidatura sólida y creíble para la elección presidencial de 2018.

Tomando en cuenta que en casi treinta años la izquierda mexicana ha podido apenas presentar dos candidatos presidenciales y de su evidente distanciamiento con López Obrador, el escenario futuro para el perredismo pinta no sólo complicado, sino desalentador.

Aquí la duda estriba nuevamente en la funcionalidad que una eventual alianza PAN-PRD en las elección es de 2016 podría tener más allá del afán de supervivencia y el sostenimiento de las canongías y privilegios de sus dirigentes. ¿Qué le van a decir a sus votantes? ¿El puro afán de vencer al PRI hará superar las añejas diferencias y agravios entre fuerzas políticas que se han acusado mutuamente de todo? ¿Bajo qué directrices se conduciría un gobierno emanado de una alianza contranatura como ésta?

Lo cierto es que a ambos partidos, el PAN y el PRD, uno de los asuntos que de manera más notoria se les indigesta en sus respectivas agendas políticas es su relación con el actual gobierno federal. Porque más allá de las conveniencias de coyuntura, ambos partidos son gobierno en estados y municipios que requieren de recursos y retroalimentación oficial con el gobierno de Pela Nieto. ¿Qué pesará más en la balanza?

Por lo pronto, a ambos partidos les tocará en momento que la construcción de una eventual alianza representa la consolidación de un legítimo proyecto de convergencia política, y no un vulgar matrimonio por conveniencia, como hasta ahora lo parece.

DE BOTEPRONTO: Llamó la atención la reciente publicación de un estudio que presenta al alcalde panista de Nuevo Laredo, Tamaulipas, Carlos Canturosas como el mejor calificado del país, sobre todo porque en la fronteriza entidad son ampliamente conocidas sus aspiraciones por contender para la gubernatura en 2016, encabezando precisamente una alianza entre PAN y PRD. Lo curioso es que en los corrillos políticos se especula que la imagen de Canturosas es «inflada» desde una oficina muy cercana a la del gobernador priista Egidio Torre Cantú. No se trata, dicen, de un acto de traición, de construirle al PRI un rival «blandito» en la elección de gobernador a celebrarse en 2016. ¿Será?