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MIRADA INTERIOR *La Costeñía: identidad cultural en poemas, corridos, sones y chilenas (Segunda parte)

Por: Isaías Alanís

En una región donde a la fecha subsiste una marcada confluencia del mundo mestizo, criollo, indio y la cosmovisión por desvelar los mecanismos simbólicos, sociales de la negritud asentada en esas tierras cálidas, sensuales y de marcadas contradicciones, la cultura contiene una notoria influencia de la africanía estudiada por Gonzalo Aguirre Beltrán, de indios, mestizos, peninsulares y castas surgidas mediante el hibridismo social y cultural, así como de los valores rurales del siglo XIX, vigentes en algunas tradiciones y conductas propias de los bailadores de la Chilena. Que ojo, ni es negra, ni mestiza, es un producto cultural que resume y concentra parte del entramado social, su transubstanciación efímera y el sesgo que cada intérprete de tal o cual región le imprime, su Costeñía adquiere variantes en pueblos, regiones y su unidad es producto de los pueblos que la bailan y cantan. La chilena no es un género acabado. Es una expresión sonora en constante evolución, no sólo instrumental, coreográfica e interpretativa, sino el germen de una sociedad rural, urbana y semi urbana donde el canto y el baile forman parte indisoluble de su ser, en suma, un ejemplo simbólico de la Costeñía.
Para empezar a abrir boca, y de acuerdo al objetivo nos centraremos en Cuajinicuilapa.
Si bien la música es un rasgo distintivo de identidad cultural, en la poesía, de Juan García Jiménez se dan los primeros escarceos rítmicos a la manera de Nicolás Guillén. Lavanderita del río es un poema que abre la vena del machismo y del cautiverio de la mujer que debe permanecer virgen para contraer matrimonio.

Pero eso no es todo, en cantos, versos, topadas y relates propios de la costeñía, la identidad es polivalente y el eje donde se mueve todo el universo simbólico de los costeños, sean de origen español, pueblos originarios, árabe o negro. Los investigadores que vienen a esta tierra a estudiarla, se dan cuenta que el negro de Guerrero, esta orgulloso de su identidad, Lo dice en coplas, lo canta en corridos y lo baila en sones y chilenas. Lo demuestra en la plástica con las obras de Julia López, Aidé López, Víctor Hugo Rodríguez Polanco y Baltazar Melo, entre otros.

Siempre me ha parecido que hay que abrir el ostión a muchos investigadores que han convertido, por ejemplo al queridaje y al ethos violento como una categoría sin qua non de los afrodescendientes, cosa que a mi juicio es una falacia.
El afrodesdendiente goza su costeñía manifiesta en símbolos cotidianos. No hay cosa más hermosa que escuchar a una afro descendiente exaltar su pasión con versos, bailes y trajes típicos y generar un ethos gozoso que lo caracteriza y lo hace diferente.

Creo, sin lugar a dudas que muchos investigadores torcieron la brújula. Ahora es común escuchar topadas donde el tema es abiertamente sexual explicito entre jovencitos de secundaria.
Los versos octosilábicos despliegan toda una gama de enredos sexuales entre los dos contendientes que exaltan al oyente. Y este renacimiento de las viejas topadas que se hacían en décimas, ya desaparecidas en el siglo XIX, al menos en la región de San Nicolás, ahora la coplas se despliegan con una gran libertad en el lenguaje y tocan temas que antes fueron tabúes.

Además del Negro chimeco y feo, del maestro Álvarez Añorve, quién en versos límpidos llenos de musicalidad cantada describe el orgullo de ser negro, la que podría ser la síntesis de la identidad afro descendiente es la chilena de Pepe Ramos; “Negrito chimeco y feo”, ejemplo musical de etnografía pura.

Yo nací en un bajareque sin doctores ni enfermeras
mi mama me trajo al mundo con ayuda de partera
yo crecí cuidando cuche y pescando chacalín
con mi chicalmaca vieja en el río de por aquí.

Negrito chimeco y feo casi chirundo me crié
pero tengo el alma blanca como no la tiene aquel
que nació en pañales limpios con otro color de piel
negrito puchunco y feo casi chirundo me crié…

Con mi charpe en el pescuezo me iba a recoger chihuipe
pa’ que mi mamá cociera la tichinda o el chipile
como no había pa jabón cortaba chicayotillo
para lavar mi cotón y también mi calzoncillo

Negrito chimeco y feo casi chirundo me crié

Con mi pelota de trapo jugaba con los muchitos
timbones y trasijados así eran mis amiguitos
me gustaba comer caldo con machuco y hierba santa
y la iguana con candó y el chile ajito de panza.

Negrito chimeco y feo casi chirundo me crié…

Síntesis de una identidad no negada, apenas revelada. Poesía, corrido, chilena, son, festividades y danzas reflejan la identidad de los afro descendientes, con orgullo, pasión de un grupo social invisible para las instituciones hoy visibilizado gracias al trabajo de cientos de investigadores, de los organizadores del Encuentro de Pueblos Negros y la necesidad en este México negado a la existencia de un grupo social que pervive y canta, que lucha y florece dentro de un atanor que he llamado la costeñía, término que acuñé hace quince años cuando escribí el ensayo; El triángulo del son y una ínsula extraña, Coahuayutla, donde desarrollo con más amplitud las variables que le dan identidad a los afro descendientes desde la música, tradiciones, cultura, entorno natural y sus ramificaciones con Tierra Caliente, Tixtla y Coahuayutla en la Costa Grande.

Jiutepec, Morelos, marzo de 2018